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Por qué no hacemos Sparring (I): El espejismo del ring

Lee Morrison parecía enfadado. A pesar de su habitual tono firme —casi reprobador—, enojado como tal, no solía estar. Pero esta vez, estaba realmente cabreado.

Para los que no lo sepan, este señor es el creador de Urban Combatives, una de las academias más prestigiosas de Combatives a nivel mundial, enfocada, como bien lo dice su nombre, en la autoprotección urbana.

Esta vez, respondía a una crítica que afirmaba que, el hecho de que en Urban Combatives no se hiciese sparring, es una Red Flag.

El término Red Flag, que se traduce en bandera roja, se usa mucho en el mundo anglosajón para advertir que algo es malo, no conveniente o inútil. Por ejemplo, si escuchas que el comportamiento de aquella chica es Red Flag, es que no es buena idea salir con ella.

En este caso, la analogía es que “si en una escuela de artes marciales o defensa personal no se hace sparring, no debes acudir a ella”. Idea más que extendida en el mundo de las AM.

El pensamiento dominante es que sólo el sparring es eficaz.

Ahora, me resulta curioso, que una eminencia como Lee Morrison sienta la necesidad de justificarse, pues no será la primera vez que se encuentra con un comentario similar en la red, aquel nido de ignorantes que se dan el lujo de opinar desde sus burbujas.

Paralelamente, el argumento que ha utilizado para defender su posición “todos mis chicos (i.e. instructores) han hecho sparring fuera de U.C.” no me parece el más sólido, ni el más convincente.

Y aunque a estas alturas, me parezca increíble que la gente aún crea que un altercado real se parece a una pelea de Kickboxing o MMA —y en consecuencia, se deba entrenar igual—, he de recordar que yo también pensaba así cuando era joven.

EL ORIGEN DEL PROBLEMA

En la escuela de Wing Chun —el mítico Junco Rojo—, éramos varios en quejarnos de lo poco que se hacía Sparring. Así que un día, nuestro maestro decidió organizar una clase especializada los viernes.

Aquel día se convirtió, efectivamente, en un torneo de boxeo-patada-lucha, y tan sólo un par de alumnos —los más antiguos—, utilizaron el Wing Chun para pelear. Con lo cual, mi maestro no debía estar muy satisfecho pues terminó eliminando la clase, y yo me fui a una escuela de Kickboxing.

Ahora, con la perspectiva de los años, sé que esto no pasaba porque el Kickboxing o el MMA fuesen la referencia más fiel de una pelea callejera. En realidad, esto sucedía —y sigue sucediendo—, por falta de experiencia, de referencias y de contexto.

EXPERIENCIA INEXISTENTE

Se estima que menos del 5% de los practicantes de artes marciales tradicionales (Kárate, Aikido, Wing Chun, etc.) han tenido una pelea callejera. En efecto, este tipo de escuela suele reunir mucho perroflauta pacifista, friki de mangas y gente que vive alejada del conflicto. Lo cual desde luego incluye, casi siempre, al futuro maestro.

Este porcentaje sube a un 10-15% entre los practicantes de Boxeo-Kick-MMA, que a pesar de presentar un perfil más rudo o macarra, la gran mayoría pelea única y exclusivamente en el gimnasio. Es el lugar que han elegido para hacer catarsis, probarse a sí mismos y buscar su estatus entre los demás, sin meterse en mayores problemas.

La gran mayoría de los practicantes de deportes de contacto pelean únicamente en el gimnasio.

Finalmente, según los testimonios en foros especializados, el lugar que reúne más gente con experiencia real —entre los cuales se incluyen policías, porteros o guardias de seguridad— serían las academias de Krav Maga (sistema que ha absorbido todo el mercado de Reality Based Self-Defense), en las cuales se estima que hasta un 40% de los practicantes han experimentado peleas reales o algún evento traumático.

En consecuencia —sesgando la clase media en Europa Occidental—, tenemos que no más de un 20% de practicantes o instructores ha vivido un altercado violento en la calle.

REFERENCIA CORRUPTA

En el junco rojo, las referencias que teníamos hace 15-20 años no son las mismas de hoy en día. Youtube no era tan importante, nadie tenía móviles “inteligentes” y el control de la población mediante CCTV, estaba a años luz de lo que ha llegado a ser por nuestra “seguridad”.

Por lo tanto, en aquella época no se tenía acceso a información directa sin haberla vivido o atestiguado, y las referencias, según su impacto en estímulos, se podían resumir así:

1. El cine. Por muy ridículo que suene, su influencia en el subconsciente es sumamente poderosa... Incluso a pesar de que el espectador sepa que es ficción. Hollywood crea modelos mentales sobre cómo es el conflicto, el heroísmo e incluso el sistema nervioso. Y mientras más joven o más expuesto, mayor es la influencia.

El cine crea patrones falsos sobre cómo es el conflicto y hasta el sistema nervioso.

2. El combate deportivo. Esto es aún más poderoso que el cine, porque a nivel consciente, es una pelea real y no una coreografía. Las hostias son reales, la sangre también. Entonces, ¿qué puede fallar?

3. La realidad. Por entonces, los sucesos reales captados por una cámara eran extremadamente inusuales. Por lo cual, dependíamos de la experiencia propia, de los cercanos o del boca a boca, para hacernos una idea de cómo era un conflicto espontáneo.

Sin embargo, a día de hoy se estima que hay una inversión total de esa pirámide: la gran mayoría tiene como referencia los videos reales (60-70%), en menor cantidad el combate deportivo (20-25%) y un mínimo residual estaría influenciado por el cine (10-15%) . O al menos, eso parece.

CONTEXTO ROMANTIZADO

—Ese, en un uno a uno, es un mierda —me dijo aquel portero grandote refiriéndose a los menas de 50 kilos que se paseaban amenazantes por el barrio.

Y a pesar de que pueda tener razón, el descontextualizado no parece ser el jovenlandés, cuyo instinto le dice: En manada somos más fuertes. Si nos protegemos los unos a los otros y atacamos entre varios a la vez —tal como hienas— tendremos más oportunidades de prevalecer.

En realidad, podría ser aquel portero —practicante de MMA—, el que esté fuera de contexto: Se imagina un duelo, un uno a uno, con reglas y limitaciones morales, que pueda que no existan más allá de su mundo imaginario de gladiadores semidesnudos compitiendo por demostrar quién es el mejor.

¿SOLUCIÓN O INCONVENIENTE?

La falta de experiencia real, tanto en practicantes como instructores es un factor esencial para entender que su forma de entrenar no proviene de fuentes directas.

Esto se puede prestar a una practica llena de fantasías, elucubraciones, o de lo que aprendieron de sus maestros, que aprendieron de los maestros y así hasta el infinito. A esto se suma —y es comprensible—, que ante la falta de experiencia, el instructor de autoprotección con inquietudes, recurra a fuentes deportivas (UFC y similares) que podrían no ser acordes con la realidad.

Y a pesar que hoy en día, habría una inversión total en las referencias, y el practicante o instructor actual, estaría mucho más consciente de lo que representa un altercado real, se sigue viendo al combate deportivo —el sparring—, como la única referencia para entrenar.

¿Por qué sigue ocurriendo esto? Y, sobre todo, ¿hay algún problema en ello?

Todo esto lo exploraremos en un par de semanas, en la siguiente parte. Permanece atento, porque todavía hay mucho por desvelar.

Gracias por leer. Nos vemos en la próxima entrega.

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